En Con el credo en la boca se despliega frente a la Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Saco una paleta roja como el vino que oculta un rosario rosado en su interior y la llevo a la boca; al derretir el helado, revelo con la lengua el objeto religioso escondido. Lo chupo, lo limpio y luego lo cuelgo en la reja del templo. Después regreso hacia el público y ofrezco helados: “¿heladito?”.
El título retoma el dicho popular “tener el credo en la boca”, asociado a miedo y adoctrinamiento. En esta acción transformo ese temor aprendido en un gesto público y desobediente, un pequeño acto de irreverencia frente a la institución que moldeó mi relación con el cuerpo. La boca —ese espacio donde alguna vez se instaló la autoridad y el silencio— se vuelve aquí un territorio de resistencia., donde un rito íntimo se reescribe desde el cuerpo marica y en plena calle. La boca que antes repetía, ahora revela, sostiene, desarma y devuelve.
La pieza dialoga con Popsicles (1982) de Gloria Camiruaga, trasladando su crítica hacia un presente encarnado y cotidiano, donde la dulzura aparente expone los mecanismos de control espiritual que han marcado generaciones.
Intervención realizada en “Perder el tiempo”, acciones errantes callejeras, el 22 de noviembre de 2025, en barrio Palermo, Buenos Aires.
Registro por Cande Martínez y Dinko Covacevich.
Producción del evento: Vena Rota, La Otra Cía de Baile y Registro Contracultural.





























