El lazo
Invité a Camille y a Broki a pasar una jornada unidxs por una cuerda al cuello. No como símbolo de sumisión, sino como una forma de mirar de cerca lo que han construido juntxs. Broki llegó hace un año: viejo, con una gran herida abierta en el muslo, marcado por el abuso de las carreras de galgos en Chile, donde los cuerpos animales se explotan y se descartan. Llegó temblando, apoyó su cabeza en el regazo de Camille y, en ese gesto, se adoptó, como si su cuerpo reconociera un refugio posible.
Desde entonces se han ido domesticando mutuamente: aprender a convivir sin miedo, a confiar, a sostenerse cuando el cuerpo recuerda la violencia. Esa búsqueda de reparar lo aprendido nos atraviesa a tantxs; por eso esta sesión no fue un experimento, sino un reconocimiento. Aquí, la cuerda no representa control, sino memoria: aquello que cargamos y las nuevas formas de cuidado que intentamos inventar.
Fotografiarles cocinar, comer, trabajar, dormir y pasear —atentxs al paso del otrx— fue ver cómo una herida puede transformarse en compañía, en paciencia, en un modo humilde y amoroso de existir juntxs.
Esta sesión también cita Art/Life One Year Performance 1983–1984, la obra en la que Tehching Hsieh y Linda Montano pasaron un año atadxs por una cuerda. En su caso, la amarra fue un experimento sobre disciplina, convivencia y los límites entre arte y vida. Para Camille y Broki, en cambio, la cuerda no es un contrato performático, sino una metáfora de algo real: la necesidad de aprender a caminar juntxs después del trauma. Si allá marcaba una regla, aquí señala un cuidado; si allá era una obligación compartida, aquí es una memoria que se vuelve vínculo.
Viernes 7 de noviembre 2025, Santiago








