Sesión fotográfica realizada en septiembre del 2023 utilizando como objeto central la espuela chilena. Junto a mi compañero Dinko Covacevich.
La cultura “huasa” es una síntesis oligárquico-popular compleja, en la medida que en ella confluyen referentes identitarios de distintos grupos sociales proyectados a la sociedad como elementos que contribuyen a dibujar lo masculino y lo chileno. Proyectan las relaciones de subordinación de la hacienda con el inquilinaje, pero siempre rodeadas de paternalismo y ofertas selectivas de integración social. Está inscrita en el imaginario colectivo, es un elemento de identificación para los chilenos; no sólo está presente en el ambiente de las fondas de las celebraciones patrias, en el vestuario masculino en eventos festivos como los rodeos, sino que se reproduce a través del sistema escolar a la hora en que los niños se ven interpelados a las celebraciones patrias. Este hecho se reitera en las paradas militares de los 19 de septiembre, interponiéndose los huasos como “pueblo” que ofrece “la chicha en cacho” al Presidente de la República que se prepara para el desfile de las Fuerzas Armadas y sus distintas ramas.
El huaso es la figura que tradicionalmente ha puesto en común las ideas y las aspiraciones de hacendados y cierta franja campesina. El rodeo ha sido el rito en el cual esta figura se encama en términos festivos, deportivos y como una muestra del despliegue del cuerpo masculino (músculo, fuerza, dominio, destreza), sus atributos y valores. El rodeo es un lugar de afirmación de prestigio para los hombres.
Capataces, ministros, inquilinos de “a caballo” junto al patrón, conformaron un estilo masculino en que el dominio del caballo, la presencia en faenas y ritos festivos contribuyeron a establecer mecanismos de integración social particulares. La gallardía, la valentía, la virilidad, la fuerza, las destrezas en el manejo del caballo, el prestigio asociado a faenas tales como los rodeos, el control social sobre las poblaciones y familias, la apropiación del cuerpo de las mujeres del inquilinaje por parte de los hacendados y el personal próximo a las funciones de mando, forman parte de este conjunto de atributos masculinos. Subordinado a este patrón de masculinidad dominante se estableció otro: el de la servidumbre y la obediencia sin más contrapeso que los procedimientos de integración simbólica dados por la protección hacendal. Un conjunto de instituciones y ritos que sostuvieron este tipo de integración: misiones, matrimonios, bautizos, evangelización, caridad patronal, visitas a enfermos por parte de las esposas de los propietarios de la tierra, etc. A este rango pertenecen los simples inquilinos, los inquilinos peones, los peones familiares de los simples inquilinos, los afuerinos, es decir el cuerpo de trabajadores de la “infantería hacendal”, los de “a pie”, y todos ellos, con un desigual vínculo con la hacienda. Ello contribuyó a forjar a lo menos tres modelos masculinos: el “patronal” al cual adscribe la capa superior del sistema de inquilinaje, el “subordinado” en el que se inscribe la mayoría de los habitantes de la hacienda y el “libre”, en el cual se inscribe el peonaje, es decir, quienes no están adscritos a la hacienda en forma estable, estrato que se incrementa gradualmente hasta constituir la mayoría en vísperas de la reforma agraria… (estos modelos) Migran desde el campo a la ciudad y se yerguen como símbolos y formas de representación de lo “chileno”, lo patrio y lo propio.
Masculinidad en el mundo rural: realidades que cambian, símbolos que permanecen. Ximena Valdés. Compilado Masculinidad/es, identidad, sexualidad y familia : Primer encuentro de estudios de masculinidad, año 2000 (Memoria Chilena).
– Algunas imágenes de esta serie forman parte de la edición impresa de la Agenda Kuir 2024, curada y diseñada por Felipe Román, España-Chile.














